Obama, Bruselas y el Nuevo Plan Cóndor
- 4 abr 2016
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Se afianza la doctrina de la Guerra Sin Fin

Con el asesinato del líder de al-Qaeda, Osama Bin Laden, en 2011, se legitimó la ejecución sin juicio como política imperialista y se institucionalizó la prolongación de la doctrina Bush de la Guerra Permanente convirtiéndose en la Guerra Sin Fin, la guerra a muerte contra el terrorismo que defiende el “pacifista” presidente de EEUU, Barack Obama.
Luego vimos lo que sucedió en Libia, en octubre de ese mismo año, con el presidente Muamar Gadafi, torturado y linchado por hordas mercenarias pagadas por las potencias imperialistas. Como señaló el mismo Obama, se trata de “torcer el brazo” a quienes no obedezcan. Quienes entren en la lista de adversarios, enemigos o personas incómodas para los intereses de EEUU, pueden correr la misma suerte.
Tras los atentados terroristas en París el año pasado, y este mes de marzo en Bruselas, la guerra sin fin llegó a Europa. Desde que se produjeron los lamentables y repudiables hechos en Bélgica, que afectan a la clase trabajadora, a la gente de a pie, pues se trata de amedrentar a la sociedad, se ha desatado en el mundo occidental una suerte de islamofobia, que condiciona el ambiente para una “limpieza étnica” y para el aumento de la represión.

La doctrina Obama de la guerra sin fin persigue en el viejo continente matar varios pájaros de un tiro; incentivar el odio racial y la xenofobia para aprobar “leyes” antimigrantes que violan los derechos humanos y a su vez, aumentar el control sobre la ciudadanía ante el creciente clima de protesta por la aplicación de medidas que atentan contra los intereses de la clase trabajadora por parte de gobiernos cada vez más neoliberales que pretenden sortear la crisis estructural del capitalismo, a costa del sacrificio de las clases populares.
En América Latina y el Caribe, la doctrina Obama de la guerra sin fin tiene una nueva expresión, la reedición del Plan Cóndor, denunciada por el presidente ecuatoriano Rafael Correa.
Para el mandatario ecuatoriano, lo que está sucediendo en la actualidad en nuestro continente, con el irregular proceso emprendido contra el expresidente y máximo dirigente Partido de los Trabajadores, Luis Inácio Lula Da Silva, a fin de propiciar una confrontación entre el Ejecutivo brasileño y el poder judicial; lo sucedido en Bolivia, con la campaña de difamación para afectar la imagen y el respaldo popular de Evo Morales; los intentos de golpe parlamentario y empresarial y la guerra económica en Venezuela para derrocar a Nicolás Maduro; la misma campaña desestabilizadora que sigue la ultraderecha contra él en su país, no es algo fortuito.
La situación actual no es la misma que permitió la imposición de dictaduras en el Cono Sur, en la década de los años 70 y 80, sin embargo los enemigos de la democracia son los mismos que hace cuatro décadas: el imperialismo estadounidense en su afán por conservar su hegemonía en el hemisferio, en alianza con las oligarquías nacionales que buscan expoliar y saquear los recursos para obtener ganancias sin invertir en el bienestar social de la población.
Ya experimentamos en nuestra región, un asomo de cómo sería un nuevo Plan Cóndor diseñado no sólo para el cono sur, sino para toda Nuestarmérica, con el golpe de Estado institucional propinado en 2009 al presidente hondureño Manuel Zelaya, que derrocó un gobierno progresista electo democráticamente y pretendió propinar un zarpazo a la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestarmérica (ALBA).

Fue un golpe al viejo estilo de la Operación Cóndor, que después lavó su cara con la fachada institucional. Ciertamente, nunca se vieron militares gorilas detrás. Ese papel lo asumieron “las instituciones” controladas por la contrarrevolución y la derecha.
Lo mismo sucedió en Paraguay, con el golpe parlamentario a Fernando Lugo. Es el nuevo esquema que Estados Unidos pretende imponer en la región, adaptado al siglo XXI y con el apoyo de la oligarquía proimperialista de cada país.
Tal y como lo advirtió el presidente Correa, lo que sucede en Brasil y en Venezuela, donde se genera la falsa matriz de “confrontación de poderes” con fines desestabilizadores; lo que acontece en Argentina, es la adaptación moderna de a Operación Cóndor en América Latina para erradicar los movimientos populares que luchaban contra las dictaduras militares.
Anteriormente, el imperialismo empleaba golpes fascistas militares, guerras e invasiones para lograr sus objetivos. Ahora se apoya en sobornar, comprar y dominar a las instituciones de un país, es decir, dar golpes institucionales, cuyo objetivo es igual al de los golpes militares del pasado.
Por ello la importancia de las reuniones convocadas por los cónclaves de integración latinoamericana y caribeña, como Unasur y al Alba, para impedir el avance de esta estrategia que pone en riesgo las democracias del continente.



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