Unión Cívico Militar o Militarismo (1ra parte)
- Gustavo Villapol
- 1 ago 2016
- 4 Min. de lectura
A contrario de lo que muchos piensan, solo el 12,19 % de las instituciones del Ejecutivo Nacional están presididas por efectivos castrenses.

A raíz del nombramiento del Ministro de Defensa como máxima autoridad de la Misión de Abastecimiento Soberano y la creación de la empresa Camimpeg, una vez más se han desatado los cañones de la mediática nacional e internacional para descalificar la Fuerzas Armadas Bolivarianas, la unión cívico militar y la supuesta dictadura militarista en la que se ha transformado la Revolución Bolivariana.
Suspicacia causa que casi ningún medio a dado a conocer la investigación que hizo Hinterlaces, la cual como encuestadora en su página web se autodefinen de la siguiente forma: Agencia de Inteligencia de Venezuela, especializada en servicios de investigación de opinión pública y de mercados, análisis situacional y consultoría estratégica, con énfasis en la interpretación científica de la dimensión cultural y simbólica de la sociedad. Dicha investigación tiene datos reveladores que invitan a propios y extraños a replantearse la percepción que existe en el imaginario colectivo del pueblo venezolano sobre el tema militar.
La unión cívico militar ha sido una estrategia que ha surgido en las circunstancias más heroicas e históricas de la humanidad, muchas naciones y pueblos han surgido gracias a ella y en Venezuela sus antecedentes tienen orígenes gloriosos en las batallas de la Independencia, en la Guerra Federal y en el derrocamiento o superación de dictaduras y gobiernos represores y entreguistas como los de la IV República.
El Comandante Hugo Chávez rescata esta forma de lucha y lo extrapola al ejercicio de Gobierno apenas arranca la Revolución Bolivariana. Sin la participación de las y los militares en las Misiones Sociales y en todos los programas de asistencia al pueblo venezolano, difícilmente hubiésemos podido superar la miseria y las desigualdades en la que nos encontrábamos al entrar el siglo XXI.
En la actual situación que vive la nación, en la cual acceder a artículos de primera necesidad debido al sabotaje económico y financiero se ha vuelto una verdadera locura, las susceptibilidades sociales y psicosociales están a flor de piel y los laboratorios detrás de la guerra, manejan muy bien cuáles son las fortalezas de la Revolución y las debilidades, ambas son atacadas desde varios frentes de batalla, para lo cual se les hace imprescindible, romper con la cercanía del pueblo con su FANB y viceversa.
La Guerra contra la FANB tiene fundamentalmente dos frentes de batalla, el internacional en la cual ellos hacen ver que en Venezuela hay una dictadura militar, instituciones dirigidas casi a plenitud por efectivos castrenses, persecución y violación de los derechos humanos a la disidencia dentro y fuera de gobierno y por otra parte, en el frente político donde también es atacada esta institución con argumentos similares, magnificando la desigualdad que existe entre “civiles y militares” y principalmente acusándolos de ineficientes en el ejercicio de las políticas públicas y que todo cuanto asume un o una oficial de la FANB, está destinado al fracaso y será objeto de inevitable corrupción.
Sin querer plantear una Venezuela fantasiosa, ni mágica en la que no existe la corrupción, ni las desigualdades; la investigación de Hinterlaces es el comienzo del desmonte sobre este tema y nos muestra datos que nos ayudan a comprenderlo mejor.
Resulta que de un total de 30 ministerios, solo están presididos por funcionarios militares ocho, de los cuales tres de ellos tienen vinculación directa con temas de seguridad ciudadana y militar. Además existen 107 viceministerios de los cuales nueve son administrados por funcionarios de la FANB, cinco de estos nueve están adscritos al Ministerio de la Defensa y para culminar la investigación de esta “Agencia de Inteligencia” concluye que existen más de 150 entes y órganos adscritos que forman parte de la Administración Pública y al menos 18 son dirigidos por militares, esto implica que apenas el 12,19 % de las instituciones del ejecutivo están bajo el Comando de la FANB.
Este dato arranca un proceso de investigación que desarrollaremos en la segunda parte de este escrito, pero que nos da luces de la equivocada percepción que las y los militares lo deciden todo y que están detrás de todas las decisiones del Ejecutivo Nacional.
Lo que sí es seguro, es que las armas son un poder más que evidente y el origen socio económico con el que nacieron nuestras Fuerzas Armadas, atentan contra los intereses históricos y fácticos para los que fueron creadas dentro del sistema hegemónico. La unidad cívico militar implica un verdadero problema para los intereses de las grandes transnacionales que ambicionan sin ninguna restricción, los recursos naturales de Venezuela y consideran que con oficiales más dóciles y complacientes lo pudiesen conseguir. Ellos entienden que más allá de las desviaciones y fallas, inoculadas por el metabolismo del capitalismo dentro de la Revolución. Dividir el trinomio: pueblo, partidos y gobierno bolivariano es el objetivo central de nuestros enemigos y el nuestro debe ser cuidarlo a toda costa y dejar la estupidez de la división, en el oscuro fondo de la traición histórica. Hay una tacita de plata que no podemos soltar es la Unión Cívico militar, la cual por siempre hay que cuidar.

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